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Gracias, Joe

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Y llegó el 22 de octubre. Lunes aburrido, atareado y acalorado como cualquiera en mi vida. Las clases matutinas, sumadas a la carga física y emocional que conlleva el desempeñar múltiples labores en una importante empresa estatal, convierten mi habitual día a día en una “aventura” de la cual ya me he acostumbrado. Y sé que no soy el único en dichas circunstancias. Mi día no acabaría, y como cualquier lunes habitual, iría a mis clases nocturnas. Aquellas clases nocturnas empiezan uniformemente con el famoso programa de la ‘marca roja’ llamado Monday Night Raw. Gracias al grupo en el que comparto con varios redactores de esta página, voy siguiendo una especie de minuto a minuto, porque los caballeros comentan todo. Desde las horrendas promos y luchas de las Bella, hasta las emocionantes apariciones de The Shield, sobre todo por la presencia de Dean Ambrose. No nos engañemos ni engañemos al resto jajaja.

Y llegó el mensaje… en principio, tomado como una mera tomadura de pelo. César (Rockstar, o RoyceStar… da igual) avisaba que Roman Reigns renunciaba al Campeonato Universal que hasta ese momento ostentaba, debido a que padecía leucemia… Y sí, reconozco que al menos yo lo tomaba a broma, y mucho debido a que no estaba viendo el programa. Cuando mandó tuits, fotos y demás, nos quedamos helados. Impávidos. Impactados. Destruidos. Se lo puede llamar como quiera, y la verdad, no importa el término. Roman Reigns, la figura más importante de la actual era en WWE, tenía cáncer en la sangre. Y no… miento… Joe Anoa’i padecía de cáncer en la sangre. Increíble es poco. Cerca de las 23:00, ya en casa, confirmé por mí mismo todo lo escrito por César. Y la lágrima no se hizo esperar. Muy fuerte todo.

Se conoce que los que redactamos habitualmente en esta página no somos acérrimos seguidores de Roman Reigns (menos Shut). En mi caso al menos, soy de los que aún lo resiste bastante, y no por su puesta en escena o su despliegue en los combates en los cuales está involucrado el samoano, sino ya por cuestiones un poco más técnicas que, la verdad, ya se han dicho antes, y ahondar en ellas sería tan útil como arar en el mar. No he venido a hablar de eso, porque aunque no parezca, no es el momento. El motivo de cada una de estas palabras es simple: agradecimiento.

¿Qué le podemos agradecer a Roman Reigns? Yo al menos, nada. Alguien que no ha sido fundamental para mí quizás pasa desapercibido en mi psiquis. Mucha gente no estará de acuerdo conmigo, pero eso lo hace más interesante, creo yo. Ahora, planteo la misma pregunta, pero en un enfoque distinto… ¿Qué le podemos agradecer a Joe Anoa’i? La respuesta debería ser obvia: TODO.

Sería desagradecido de mi parte no agradecerle a Joe Anoa’i por su trabajo. Trabajo más que arduo. Interpretar al controversial Roman Reigns. Un Roman Reigns que, ya sea para bien o para mal, siempre estuvo en boca de todo el mundo. Un Roman Reigns que debutó ya hace casi 6 años en el main roster, de la mano de Seth Rollins y Dean Ambrose, trayendo a la palestra uno de los mejores stables en la historia de la empresa de Vince McMahon. Un Roman Reigns que empezó a sobresalir por encima de sus otros dos compañeros, ya sea por decisiones creativas o por desempeño deportivo. Un Roman Reigns que ocupó hasta el cansancio posiciones estelares. Un Roman Reigns que ganó lo que quiso en un tiempo casi récord… Un Roman Reigns que supo cerrarme la boca. Que mejoró hasta el cansancio, al punto de entregarnos combates mucho más que interesantes. Que se notaba al ojo la inmensa mejoría que había tenido en un corto período de tiempo, y que aunque a muchos no nos guste, y me incluyo, estuvo más que capacitado para llevar el peso de situaciones y decisiones en torno a su figura que, a cualquiera, lo habría llevado al rotundo fracaso.

Agradezco a Joe Anoa’i por mantener viva parte de mi infancia. Porque aunque no es el único, es parte fundamental de un producto que aún a mis 23 años mantiene mi mirada fija en un ordenador o una TV. Que aunque no lo siga tan constantemente como hace varios años atrás, sigue despertando pasiones que uno difícilmente va a dejar de lado. Es algo con lo que crecimos, con lo que nos desarrollamos, y con lo que aún vivimos. Es el día a día de mi vida, y de la vida de muchos más.

Quizás no soy el adecuado para expresar estas palabras. Con mi historial, quizás ni siquiera tengo el derecho de decir algo positivo de Roman Reigns, porque sonaría hasta hipócrita. Y por eso, es que mis palabras no van dirigidas a Reigns… van dirigidas a Joe Anoa’i. Porque él fue capaz de cumplir el sueño que muchos tuvimos de chicos. Fue capaz de levantarse y vencer obstáculos. Capaz de demostrarle al mundo entero que lo único que nos hace mejorar y lograr nuestros objetivos es el sacrificio, sacrificio que muchas veces cuesta sudor, lágrimas y sangre. Hoy, ese niño pequeño, ya convertido en hombre, tiene la batalla más fuerte de todas. El obstáculo más grande de su vida. Pero no importa, todo aquello es lo de menos, porque existe aún lo más importante: el sacrificio. Porque aunque suene cliché, el sueño nunca muere, sino hasta que muere el soñador. Y sé, porque es fácil reconocer, que esa persona llamada Joe no tiene el morir entre sus planes.

Y es que al final, todo lo descrito anteriormente se describe en dos palabras: Gracias, Joe.

 

Ecuatoriano. Ingeniero Comercial y amante del fútbol y el wrestling.

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