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Wrestlemania 35, mal momento para volver

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La temporada de Wrestlemania es la más atractiva de WWE por motivos evidentes. Es por ello que el evento tiene la máxima capacidad para atraer al fan casual y/o desencantado, aunque parece que no se ha tenido demasiado en cuenta a la hora de confeccionar la más que posible cartelera del magno evento.

Hace mucho que no sigo WWE al día, aunque sí sus PPV y su actualidad con cierta frecuencia, pero hasta el público de mi perfil puede ver que las justificaciones para la gran mayoría de combates son pobres o insuficientes, dejando entrever carencias en el producto. Si el show de mayor importancia de la empresa tiene semejante apariencia de improvisación y poca calidad, ¿cómo será el producto habitual?

Se rumorea que la cartelera será gigantesca, con un evento que llegaría a las 7 horas de duración incluyendo su kickoff. Esta exagerada duración parece un absoluto sinsentido por el propio carácter de Wrestlemania. WWE sabe que es su mayor expositor de cara a este fan casual ya que no por casualidad aprovecha el magno evento para incluir a famosos y leyendas en el show, por lo que sorprende como es posible que obvien que una mayor duración siempre es contraproducente cuando tu público objetivo se amplia de esta forma.

Los fans más fieles o experimentados podríamos soportar la duración, pero un show tan largo no hace sino favorecer el cambio de actividad del fan casual; aburrido y asustado por el enorme tiempo a invertir en un show que no es tan importante para él. La posibilidad de convencer a tu grupo para ver wrestling entre comida y cerveza se antoja como un plan mucho menos interesante de lo que debería.

“Han pasado 84 segmentos”

Estamos en la era del teléfono inteligente, de Netflix y del aficionado deportivo que tiene a golpe de mando muchísimas ligas internacionales de varios deportes diferentes a elegir. Estamos además en una era en la que el fan internacional  es cada vez más importante. Viendo todo esto, resulta incomprensible como un PPV de día domingo tiene semejante carga horaria, complicando la conciliación familiar y laboral a un enorme abanico de fanáticos y curiosos. Como ejemplo conocido por todos tenemos a los Oscars y otras galas que acortan su duración para hacer un producto más dinámico y digerible. Mientras, WWE alarga la de Wrestlemania. Brillante. Ir a contracorriente no suele salir bien…

También sorprende que WWE mantenga últimamente un rumbo tan desacertado en el manejo de sus leyendas en el evento. El fan del wrestling es, casi por naturaleza, nostálgico. La propia identidad del show nos hace añorar ese mágico e idealizado pasado, al punto de que algunos llegan a perdonar situaciones como las humillantes apariciones de Undertaker en estos años. Y no menciono a Taker por casualidad.

Sus últimas apariciones no han hecho sino restar y degradar a la leyenda al tiempo que resultan nocivas para cierto público. Ya puedes venderle a tus amigos las bondades del wrestling, que como reconozcan a Undertaker arrastrándose, todo se irá por el precipicio. Tener caras reconocibles para una persona de a pie está bien, pero muchas veces estas se arrastran al punto de espantar a los curiosos o de  arruinar sus recuerdos de su pasado como fanáticos, poniendo el último clavo en el ataúd de su afición por el pro-wrestling.

El uso de leyendas debe hacerse con propósitos claros y eficaces. Puedes dar fanservice sin tirar piedras contra tu producto, como se hizo (resultado aparte) en el Sting vs HHH de WM 31, así como también puedes aprovechar para impulsar o presentar a tu talento actual.  El casi inevitable enfrentamiento de Kurt Angle ante Baron Corbin, el cual debería ser fanservice y también  un retiro estelar no cumplirá ninguno de estas premisas. Kurt posiblemente gane en un match horrendo ante un rival que no significa nada.  Esto dejará al talento actual por el suelo mientras que Kurt no podrá irse con una honrosa pero emocional derrota ante un rival de la entidad que merece una leyenda como él.

Ni siquiera parece que haya interés en insertar historias que si podrían hacer cumplir en ambas facetas. Mientras la card se llena con 475 combates irrelevantes, la durante meses rumoreada rivalidad entre Trish Stratus y Alexa Bliss ha quedado en el olvido. Alexa, pieza clave en la división durante los últimos años, ha quedado reducida a un desagradable acto cómico (o eso cree la empresa) y que representa un paso atrás en la madurez y calidad del producto femenino de la WWE. Una lucha como esta la habría reinsertado, le habría dado un papel acorde y habría ocupado una de esas ranuras de fanservice para el fan. La leyenda introduce al casual de cara al producto actual al tiempo que desempeña su rol para el fan nostálgico, generando una sinergia en la que todos ganan, aunque WWE parece haber olvidado el funcionamiento de esta sencilla fórmula ganadora.

En el plano más “serio y competitivo”, donde el producto actual es el protagonista, también parece complicado que el fan casual vaya a tener motivos para conectar con WM. Dos combates que seguramente harían las delicias del curioso, como son el buen tag team wrestling y el título crucero, serán con muchas probabilidades relegados al pre-show.  Estos enfrentamientos, donde suele primar el espectáculo luchístico, se verán opacados dejando menos posibilidades para impresionar a quien desconozca las bondades del trabajo de élite en estas dos modalidades.

Muchos argumentarán que al menos WWE apuesta por su talento actual al incluir un elevadísimo número de combates para el talento a tiempo completo,pero no creo que el premio sea tan elevado ni que consigan el fin último de hacer un mejor show. Se ha hablado de manera más que suficiente de los defectos del main event, del título Universal y del limbo de los títulos mid card. Todo esto en una escena en la que Asuka aún espera un intento mínimamente serio de tener un reinado y en el que todo luce improvisado y poco interesante. Hay mucha cantidad y muy poca calidad en las historias como para justificar el elevado número de combates. Desgraciadamente, no hay cosas demasiado interesantes que contar más allá de algunas excepciones como en el caso del Campeonato de la WWE o del Styles vs Orton. Insuficiente.

En definitiva, parece que WWE se empeña en desafiar las tendencias que funcionan para estos grandes eventos sin que ello repercuta en una mejoría significativa en el resto de cosas que puede ofrecer Wrestlemania. Por mi parte, como un aficionado total al wrestling pero algo desencantado y desconectado del día a día de la empresa más grande del mundo, creo que este año no caeré. Y me atrevo a decir que, como yo, cientos de miles. Quizá en 2020.

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Solo tengo dos cosas claras en la vida: Me gustan las señoras y el Real Madrid. Tetsuya Naito va camino de ser la tercera. En esta cuenta somos muy de Dolph Ziggler.

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