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AEW

Orange Cassidy no está bien

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Es muy difícil arrancar este artículo.

Por @RomiDori19

Resulta que cuando escribes algo sobre tu “comfort character” tiendes a ser exageradamente emocional y pedante, pero en la lucha libre parece que tenemos un pase libre a hacer tal cosa. Después de todo, este deporte se sostiene en las emociones y en cómo se transmiten. Las personas que escriben artículos de lucha libre solamente están contando la historia que les fue contada por los performers, y lo que hacemos es compartir lo que sea que nos hizo sentir. Es complicado, y en la mayoría de los casos te tienes que poner en la piel de cual sea el performer del cual estas hablando para entender qué es lo que está contando. 

Tienes que descifrar qué se esconde en la mente del artista: y eso siempre es contraproducente por lo subjetivo que tiende a ser el wrestling con ciertas historias. El famoso condimento del “sobre análisis” puede ser un arma de doble filo una vez de lo que sea que escribas tiene un destino alterno al que intentaste predecir con fe ciega, y toda persona que te leyó te lo va a recordar. Por eso, decir que Orange Cassidy está en una crisis se siente raro.

AEW es una empresa que ha sido criticada vez tras vez por no contar historias, pero mientras más tiempo pasa y más historias veo, entiendo que esa declaración es errónea pero incapaz de refutar. La compañía peca demasiado de querer que sus fanáticos la entiendan. Juega con las pistas, con el foreshadowing, y todo lo que implica el “storytelling sutil” del cual se han vanagloriado en memoria reciente, pero se olvida de que la gente lo pueda entender. Creo que en los últimos años me he dado cuenta que poca gente entiende una historia que es capaz de reflejar alguna vivencia que tuvo. 

No es por la “profundidad” que tenga, si es que eso siquiera existe en la lucha libre, pero más por el hecho de rechazar todo lo que nos haga pensar que quizás algo no hicimos bien en nuestra vida. Me parece increíble que este artículo se trate de Cassidy, porque creo que no existe un luchador más acorde para el trabajo de hacerte reflexionar sobre tu propia existencia. Después de todo, el mismo se ha presentado como una broma desde el primer segundo que lo viste en pantalla, y poco a poco ha ido demostrando su valía y cerrando bocas en el proceso. Cassidy es un pilar de AEW, y desde su reinado con el Campeonato Internacional en adelante, hemos entrado en una nueva etapa de su carrera, donde ha atravesado muchos cambios repentinos y hasta traiciones que han cambiado su manera de ser. AEW finalmente ha decidido empujar a Cassidy a un límite que pocas personas pensaban que siquiera estaba cerca de alcanzar.

Según declaraciones recientes, Cassidy ha admitido odiar el término “comedy wrestler”, por ende ya no nos podemos referir a él como tal cosa. Y en realidad, nunca pudimos hacerlo porque ya de por sí la idea del “comedy wrestler” es encapsular a una manera de hacer lucha libre como un chiste sin gracia, cuando la emoción más sincera que podemos sentir es la alegría o la felicidad. Es muy difícil hacer que un personaje feliz o alegre pueda cambiar su comportamiento y ser un poco más oscuro, porque tienes el riesgo de que sea exageradamente edgy y se vuelva un “you people” constante, pero AEW ha logrado invertir la narrativa de ambos de sus más grandes babyfaces en Cassidy y Hangman Page, del cual hablaré en otro momento. Para Cassidy, la traición de Trent y el retiro de Chuck Taylor lo ha golpeado como nunca, y finalmente estamos viendo señales de inestabilidad en él.

La realidad es que Cassidy desde su segundo reinado como Campeón Internacional ha estado contando esta historia de cómo ha perdido su color característico. La exigencia de su primer reinado ya había sido capaz de pelar las capas que lo tapaban y escondían su verdadera naturaleza: y parece recurrente que cada vez que un luchador en AEW admite tener un nivel superlativo al resto cae sin salvación alguna. Hace años vengo diciendo que Cassidy podría ser el mejor luchador del mundo si quisiera, y en estos últimos años he visto como ha dejado la vara altísima para sus propios contemporáneos en lo que se refiere a contar historias en un ring de manera sutil. El tema es que al hacer eso ha dejado partes suyas en el ring, y lo ha dejado bastante claro en las luchas que ha tenido y en su nivel creciente de agresividad. 

Podríamos pasarlo como el fuego del “underdog”, un clásico de la materia que Cassidy ha sabido despertar en incontables ocasiones, pero la realidad es que el estilo más recio que adoptó en los últimos meses es señal del deterioro que ha tenido. Y en este punto es donde una se tiene que preguntar qué tan sutil puede llegar a ser la lucha libre con lo que quiere contar, y que tanto entiende el fanatico. Creo fervientemente que AEW podría beneficiarse mucho más si tuviera interés en darle más enfoque a las historias que cuenta con acciones más directas, y después de lo que pasó en Colisión con Cassidy reventando a Trent con una llave y retirándose sin decir palabra para el asombro de todos los presentes están llegando a un buen puerto. Cassidy ha estado demostrando su cambio de actitud a través de algo simple: Intentarlo.

En el universo de AEW se ha dejado implícita la idea de que Orange Cassidy podría ser el mejor luchador de la compañía, o al menos uno muy peligroso si se le pasara por la cabeza la idea de intentar serlo. Lo que marcó a Cassidy desde el momento que cruzó ese túnel fue el hecho de que su habilidad era impecable, pero no le importaba lo suficiente lo que sea que esté haciendo. Era un retrato del millenial con un potencial abismal que se veía aturdido y desconcertado por la idea de estar encadenado a hacer algo. En sus propias palabras, su personaje nació de la idea de que demostrar que eres el mejor en algo a veces tiende a ser aburrido. Por eso es que su presentación siempre había sido básica, sin esfuerzo ni ganas de trabajar. Era un perezoso, pero en esas cualidades yacía el corazón de un guerrero que era capaz de enfrentarse a los peces más grandes del acuario para defender a sus amigos.

Will Ospreay fue testigo de eso, PAC fue testigo de eso, Jon Moxley fue testigo de eso, y hasta el mismo Kenny Omega fue testigo de que una vez Cassidy se enchufaba, podría ser una amenaza legítima para todos. El último de estos fue Zack Sabre Jr, que en una conferencia de prensa dijo que cualquier persona que le falte el respeto a Cassidy no tiene idea de lo que está hablando, y la verdad es que estar en 2024 y seguir escuchando gente que no está dispuesta a reconocer el luchadorazo que tienen enfrente llega a ser frustrante.

No estamos viendo solamente un luchador increíble, también un storyteller impecable que ha desenmascarado a los fans del wrestling otra vez. El pecado del fan es pedir historias que asemejan al cine, y no reconocer las que están enfrente de tu cara. Al mismo tiempo, las empresas no hacen nada para reforzar estas narrativas, entonces, los luchadores tienen que recurrir a easter eggs que te den una idea de lo que estás viendo. El cambio de ropa de Orange, el titantron blanco siendo tapado por el negro, e incluso el cambio de “Jane” a “Where is my Mind” son indicativos de que justamente, Cassidy no sabe en que lugar se encuentra. 

No podemos afirmar que es 100% face después de que ha entrado en un frenesí violento tras Collision, pero no podemos afirmar que es 100% heel después de haber golpeado a Trent. He visto mucha gente quejándose de que la traición de Trent no llegó a buen puerto porque no tuvo un main event de Dynamite, pero la realidad es que eso sólo fue una pieza para esta nueva faceta de Cassidy, cuya característica principal es la pérdida de sus amigos, y por ende, su propósito. La traición de Trent no es solamente una traición, sino una subversión de lo que implica ser traicionado en la lucha libre. Estamos viendo a un Cassidy caótico, que en frente de la incertidumbre se vive culpando por el hecho de no cuidar sus amistades y por dejarse llevar por las obsesiones que tuvo. Todos los Best Friends han tomado caminos separados de lo que los hacía destacar, pero en estas narrativas que han tenido se encuentra el mismo problema. Una naranja, que recibió su apoyo incondicional tantos años pero quizás no fue capaz de devolverlo porque se olvidó de intentarlo, o juro que nada iba a cambiar.

Después de todo, es raro que los “comedy wrestlers” tengan un cambio tan drástico en sus gimmicks, pero incluso la historia de Cassidy es un cachetazo de realidad para toda la gente que no es capaz de apreciarlo por lo que es y por lo que ha traído y mantenido en AEW. Se habla mucho de restaurar el sentimiento, pero Cassidy nunca lo perdió, y por eso mismo es que su historia con Trent, aun si no ha tenido los mayores reflectores, ha demostrado el poder que tienen las historias en la lucha libre que llegan a conectar con las personas.

No es Don Callis, no es Trent, ni siquiera es el retiro de Chuck Taylor o la traición de Kris Statlander. Es todo lo que representaba Best Friends para Cassidy. El hecho de que ahora cree que no tiene a nadie de su lado, porque sus mejores amigos lo traicionaron por algo por lo que se echa la culpa, por ende, vive en un estado de agresividad constante que se retroalimenta en el ecosistema de una compañía que ha demostrado no tener miedo para matar babyfaces amados. Es adecuado decir que Cassidy no está bien, y es adecuado decir que esta historia demuestra algo que la gente parece olvidar. Orange Cassidy no es una naranja, es un humano que es capaz de lastimar y ser lastimado, independientemente de si lo intenta o no, porque la vida al final del día es eso. 

Este mundo se basa en perspectivas, y lo que sea que hagamos puede tener repercusiones en otras personas contrarias a lo que deseábamos. Podemos intentar que todos sean nuestros amigos, pero dejaremos gente en el camino, y nos va a lastimar, y vamos a sentirnos culpables por lo que sea que hayamos hecho (o no). No sé si es del todo adecuado exponer estos temas tan sensibles en un artículo de lucha libre, pero como dije al principio, supongo que tengo un pase libre siempre y cuando hable de Orange Cassidy. Aun si la lucha libre funciona como una parodia de la vida real, hay una característica única que ha tenido el deporte, y es que no se puede discutir la moralidad o a qué punto puede llegar un luchador. Parece que eso está siendo ignorado por Cassidy, porque hay elementos que se transmiten en su historia basados en experiencias que hemos llegado a tener. No son exactos ni mucho menos, pero algo llega, y golpea como mil demonios, porque ahora que está dispuesto a intentarlo, nos va a demostrar que no está bien.

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