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Lo bueno, lo malo, lo feo y penca de NJPW este 2018

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2018 ha sido un año muy extraño en NJPW. Bandazos, situaciones ilógicas y algo de luz en un contexto verdaderamente confuso han sido los ingredientes de una etapa en la que hay mucho que discutir.

Lo bueno

Zack Sabre Jr:

Cuando ZSJ llegó a NJPW me sorprendió no verle como junior. Me parecía capaz de aportar color a la división, la cual encaja con él a nivel físico. Además, no le veía como una estrella heavy. Por suerte, no pude estar más equivocado.

Tras un primer G1 impecable aunque con cierta falta de continuidad tras él, ZSJ llegó a la NJ Cup sin demasiado hype. En una NJ Cup muy bien bookeada para él, en la que barrió a Naito, Ibushi, SANADA y Tanahashi, Zack se consolidó como una de las grandes estrellas de NJPW. Su nivel ha sido sobresaliente y, en un año mucho más consistente, ZSJ ya apunta a lo más alto. Suzuki Gun tiene un nuevo referente, el cual además ha refrescado muchísimo la escena superior de la empresa del león.

El (intento de) push a Hiromu Takahashi:

Tras el nefasto destrozo a Naito, Hiromu fue un importante consuelo para los fans de Los Ingobernables. Hiromu era ya desde hace un año la mayor estrella junior y un gran atractivo de la compañía y, gracias al contexto, Hiromu pudo hacerse con el Best of The Super Juniors y con el cinturón. El panorama de la división era brillante.

Por desgracia, en una defensa contra su gran rival Dragon Lee, se fracturó el cuello. Esperamos su regreso más pronto que tarde, pero es una lesión que ha podido cambiar su carrera y nos ha dejado sin varios meses con Hiromu en lo más alto.

Al menos hay que reconocerle a NJPW el acierto de poner a Hiromu en esta situación aunque, honestamente, hasta el booker más estúpido del mundo habría hecho algo tan evidentemente bueno.

El pequeño hueco para Ishii y Goto:

Goto no ha tenido grandísimos momentos durante el año pero, al menos, ha tenido siempre un puesto garantizado en el mid-upper card. Su trabajo, al contrario que en su muy mediocre 2017, ha sido casi impecable. Goto ha llevado el título NEVER a un buen escalafón y ha realizado también un notable G1. Sin llegar a la cima, ha sido un buen año para él.

El caso de Ishii es diferente, con mucha menos continuidad. Su principio de año tuvo casi nula relevancia pero, por suerte, todo cambió en el G1. Ishii probó que es uno de los mejores luchadores del planeta con un G1 Clímax maravilloso donde fue, a todas luces, el MVP del torneo. Una oportunidad por el título máximo, la consecución del campeonato de Rev Pro que le dará un hueco en WK y una mayor notoriedad en estos últimos meses han sido una recompensa algo escasa, pero ciertamente también han sido notas positivas del año.

Eso sí, no hasta en un apartado positivo hay algo extremadamente negativo. Goto se ha quedado fuera de Wrestle Kingdom pese a su excelente trabajo este año y pese a ser una figura relevante y trabajadora.  Solo tendrá la posibilidad de luchar por el irrelevante campeonato de tríos en caso de lograr una victoria a varias bandas en el pre show. Terrible manejo.

La nueva Super Junior Tag League:

La división junior tag ha tenido unos títulos que han funcionado como patatas calientes desde hace mucho. Con frecuencia la división era un mero entretenimiento para calentar los openers pero, por suerte, las cosas están cambiando.

Aún falta cierta calidad y profundidad, pero este año NJPW les ha dado más importancia. Historias más consistentes, cierta relevancia en los choques de los stables y, ahora, un nuevo formato de liga para el torneo junior.

Este nuevo formato ha multiplicado la importancia de la división en los últimos meses, al protagonizar el tour de Power Struggle y dar muchísima exposición a los participantes. Mucho mejor que el cortísimo torneo eliminatorio sin apenas prestigio que le precedía. Pese a la forzada resolución de esta primera edición, esto puede considerarse un punto positivo.

Queda mucho por hacer, pero la división junior tag está progresando adecuadamente.

Lo malo

El destrozo a Tetsuya Naito:

NJPW llevó a cabo una de las acciones más chocantes y duras que he visto en el pro wrestling. Catastrófica a todas luces y con un rédito testimonial e innecesario como era un récord para Okada, la derrota de Naito fue una señal. En el momento en el que sucedió, los fans tuvimos claro cual era el camino al que parecía apuntar NJPW. Casi todos los presagios se cumplieron y lo hablaremos en el siguiente punto.

Respecto a Naito, esa derrota es imborrable. Naito sigue siendo la mayor estrella de NJPW por abrumadora diferencia, pero el grandísimo momento y el rumbo con él liderando ya no existirá. NJPW desperdició el mayor momento de la mayor estrella que han creado en este siglo. Hay argumentos de sobra como para decir que NJPW renunció a que el pro-wrestling volviese a la escena pop de Japón. Tenían a alguien capaz de, al menos, intentarlo.

Por si esto fuera poco, su bookeo el resto del año fue dantesco. No sólo no se remedió la situación con el G1, sino que ha vagado sin el más mínimo rumbo por el upper card mientras quedaba expuesto. Un año después de lo que debió ser su coronación, Naito peleará por un título que literalmente destruyó y no le importa nada. Brillante, Gedo.

La expansión forzada:

La expansión en si misma da para un artículo enorme de varias partes, pero intentaré concretar. NJPW dio el salto definitivo a buscar la expansión internacional en 2017, pero ha sido en 2018 bajo la tutela de Harold Meij cuando ha decidido modificar sustancialmente su producto y enfoque únicamente para ganar audiencia fácilmente. Jamás se buscó presentar la visión del pro-wrestling de NJPW, y es que cada vez queda menos de la exitosa receta que devolvió a NJPW a la élite (no pun intended) del pro-wrestling. NJPW es menos NJPW que (casi) nunca.

Como dice Mastermind, mi compi de @SonrisaDeHiromu, el actual problema de New Japan es que la expansión es la que condiciona el producto, en vez de ser el producto el que defina la expansión.

Evidentemente que se han producido réditos, y es que abrir mercado nunca está de menos. Además, esto ha originado un aumento de la demanda de tickets internacionales para Wrestle Kingdom, lo cual permitirá rascar unos cuantos espectadores para el magno evento. Aún así, todo esto no compensa el daño a nivel de producto que se le ha hecho a la empresa en este año. Y este rumbo, de mantenerse, puede significar la renuncia a un nuevo horizonte para el pro-wrestling en Japón.

Tampoco hemos de ignorar que, pese a evidentes éxitos como el show en el MSG, ha habido sombras notables. El show del MSG tiene muchos asteriscos (Wrestlemania weekend, la oportunidad, el recinto…) pero NJPW se la ha pegado bien en cuanto a respuesta de la afición en sus dos últimos shows en USA, con mención especial para el gran bluff de verano. El culpable, además de un mercado ya bastante usado, es el bookeo de unas carteleras que parecían una versión vitaminada de ROH en la que los grandes atractivos de NJ quedaban de lado.

Lo de la toxicidad, precedentes y fanbase que genera todo esto ya lo dejamos para otro día. Todos sabemos que conlleva este modus operandi. Y es que la clave de este asunto no ha sido la expansión, sino como se está llevando a cabo.

La telenovela del Bullet Club:

La historia del Bullet Club ha sido peor que un dolor de muelas. Salvo que seas fan de esta facción, es imposible disfrutar de algo así. Sobreexpuesta, ridícula por momentos, imposible de seguir salvo que estuvieses al tanto de 47 medios diferentes… Era como todo lo malo de Kingdom Hearts pero sin nada de lo bueno.

Hemos visto rupturas, reconciliaciones, “deja vus” , combates quemados, bookeo forzado… y todo para acabar en un cisma nada espectacular que no parece  llamativo y que ha acabado salpicando a Chaos de una manera bastante regulera y que aún puede ser peor.  A destacar, el rol de Kota Ibushi en todo esto. Creo que ni el mismo entiende que ha pasado por ahí y cual es su papel…

Puro cringe y molestia.

El secuestro al título Intercontinental:

La gestión de la correa blanca por parte de NJPW está siendo demencial y sin sentido. Todo parecía excelente a principios de año, cuando Suzuki logró su genial victoria ante Tanahashi. Sin embargo, como motivo del caótico y fatal bookeo a Naito, todo se torció. El Ingobernable recuperó un cinturón que no quería para perderlo inmediatamente ante Chris Jericho.

Esta pésima decisión apenas ha tenido sentido, ya que Jericho como campeón no ha servido de nada. Una sola aparición en 6 meses ha dejado el título parado sin que esto le sirva de promoción internacional a NJPW, ya que para sus apariciones esporádicas no era necesario el campeonato.

Para rematarlo, el cinturón será defendido de nuevo ante Naito. Si gana, será malo porque no quiere ese título y le alejará de lo que debió ganar hace mucho, su segundo entorchado máximo. Si pierde, el burial será antológico y continuará el secuestro del cinturón. Un escenario terrible para un campeonato clave, para el horizonte a medio plazo de NJ, y otra losa para el propio prestigio del cinturón.

Lo feo y penca

El trato a Minoru Suzuki y Juice Robinson:

Tanto el líder de Suzuki Gun como la gran promesa gaijin de NJPW han visto como sus respectivos planes se han ido al traste de manera muy repentina, al menos para el aficionado.

Suzuki perdió de manera muy tempranera su título intercontinental, lo cual fue una maniobra con muy poco sentido y arruinó el gran momento que Suzuki tenía a todos los niveles. A día de hoy, está fuera de Wrestle Kingdom y sin un horizonte a su altura.

Peor aún fue lo de un Juice que, pese a ser blanquito y americano, no parece ser un gran atractivo para la audiencia target de NJPW, que este año han resultado ser los fans de The Elite residentes en (por ejemplo) Milwaukee y Sacramento. Ganó el título para perderlo inmediatamente tras un G1 desastroso en cuanto a resultados, dejando al prometedor luchador en la nada. Me gustaría recordar que el actual campeón USA es Cody, el cual “defendió” ante Joey Ryan en un concurso de mirarse fijamente.

Juice tendrá una revancha en WK a la que llega con nulo momentum pese a lo over que llegó a estar desde su debut en el pasado G1 27.

La poca importancia de la división tag heavyweight:

Terrorífica situación la vivida en esta división. Los tag teams siempre han tenido, salvo en ocasiones puntuales, poca importancia en los últimos años de NJPW. Aún así lo vivido en 2018 ha sido de lo peor.

Los cinturones se habrán defendido tan solo en 6 ocasiones durante todo el año. Si la cifra ya parece ridícula, esto queda aún más expuesto al ver que solo 3 veces se ha defendido en un evento especial en Japón. Los eventos de USA han visto dos defensas y un “road to” la restante.

A eso hay que sumarle una World Tag League con nulo prestigio, sin apenas wrestlers relevantes y muy mal ubicada en el calendario. NJPW ha probado que lo que era una asignatura floja, pasa a estar suspensa y fuera de la pauta correcta. Serán necesarios cambios muy profundos en esta división para que vuelva a retomar el vuelo.

El colofón ha sido el vergonzoso final de la World Tag League, donde los Bucks han conseguido una oportunidad por los campeonatos pese a no haber participado en el tour. Se podía haber acomodado este combate de una manera más orgánica y que no resultase tan pobre e injustificada. A esto hay que sumar la nula autocrítica de una buena parte de los fans occidentales y las pobres y poco profesionales excusas de los Bucks. Situación increíblemente desagradable.

El nuevo formato de ciertos tours:

NJPW ha establecido, seguramente porque les sale rentable, un nuevo formato para sus tours que es muy perjudicial para el aficionado. Esto afecta a los tours que finalizan con eventos especiales de grado medio (The New Beginning, Wrestling Dontaku…) y que han visto alterada su forma. Ahora, en lugar de dos eventos especiales como era habitual, son 3. Esto diluye enormemente el interés de las carteleras, ya que lo que antes eran dos eventos bastante jugosos, pasan a ser 3 en los que apenas hay un par de combates interesantes y en los que se queman los multitags relevantes.

Por si esto fuera poco, se está volviendo habitual que 2 de los 3 eventos sean en el mismo recinto en días consecutivos. Esto enfría al público, provoca algún asiento vacío y le quita cierto color al tour.

No puedo decir que sea un gran error ya que todo apunta a que les sirve para rascar algunos yenes extra, pero parece evidente que estos tours pierden mucho interés. Por si esto fuera poco, habrá 5 eventos de The New Beginning en 2019. Con la incógnita del funcionamiento a nivel puramente económico, podemos garantizar que será un tour increíblemente descafeinado y difícil de seguir.

El extraño G1 Clímax:

El G1 Clímax 28 ha sido el peor que he visto casi completo,con un nivel notablemente inferior al de las tres últimas ediciones. Esto se ha debido en buena parte a unos resultados muy extraños, la elevada e innecesaria duración de varios combates y unos bloques muy dispares.

Tanahashi ganando el torneo tiene cierto sentido y en parte es genial, pero desde luego no era la opción ideal. Lo forzado ha sido una constante este año en NJPW, y Tanahashi ganando parece un daño colateral de esto. Mención aparte para el ya citado burial a Juice o las constantes descalificaciones de miembros del Bullet Club que aportaron menos de lo que quitaron.

La duración tan elevada hizo más pesados los shows y, en muchas ocasiones, dañó la calidad de los mismos. Combates con estructuras muy parecidas, mucha monotonía debido a esto y luchadores más fatigados e incómodos en este contexto fueron situaciones habituales del torneo.

Por último, el broche lo pone un bloque A muy inferior al B. Si bien Tanahashi y Okada hicieron torneos muy notables, así como la agradable irrupción de Hangman Page, el resto estuvieron a un nivel inferior de lo deseado. White y EVIL no encajaban demasiado bien con las estructuras propuestas, Suzuki es demasiado veterano como para pedirle el máximo nivel con un calendario tan exigente…

Además, este bloque contaba con cero campeones, perdiendo totalmente uno de los grandes atractivos del torneo: Los title shots. Una calamidad.

Como se puede apreciar, “lo malo” y “lo feo” han sido protagonistas. Ha habido cosas buenas, por supuesto, pero saben a poco comparado con todo lo demás. Los aspectos más capitales de NJPW se han visto muy tocados y habrá que esperar a 2019 para ver si esta extraña montaña rusa descarrila finalmente o vuelve a los raíles correctos.

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Solo tengo dos cosas claras en la vida: Me gustan las señoras y el Real Madrid. Tetsuya Naito va camino de ser la tercera. En esta cuenta somos muy de Dolph Ziggler.

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