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Seth Rollins: ¿Realmente “el hombre”?

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Época de Royal Rumble, y a decir verdad, mi favorita del año. El cariño que le tengo a este ilustre PPV, sobre todo a su magnífica Batalla Real, es algo que no se negocia. El hecho de simplemente escuchar al público corear al unísono la cuenta regresiva, o la alarma al llegar a cero para dar la bienvenida a un nuevo luchador cada 90 segundos, es algo que aún despierta emociones de niño en mí. Desde muy pequeño me he hecho la idea de que aquel que logra alzarse con la victoria en este enigmático choque de titanes es una leyenda, y con leyenda no me refiero a los veteranos decrépitos y faltos de actividad que aparecen cada tanto después de unas cuantas cirugías y amagos de retiros, sino a aquellos que están más que capacitados para hacer de WrestleMania el lugar para su coronación máxima.

Y es que es muy importante que haya una historia detrás. Que exista un aliciente único y especial que nos inviten a soñar con el triunfo de alguien que, a priori, es querido por todos. O al menos considerablemente aceptado por una buena fanbase que ayuden a identificar a este personaje como “interesante”. Y por demás, aunque cumple en ciertos aspectos que lo identifican como pilar importante de la compañía, creo firmemente que, en la actualidad, Seth Rollins no está capacitado para un rol de tal magnitud. ¿La razón? Se las cuento.

Con el debut de The Shield, o al menos en lo que a mí respecta, se sabía que las tres superestrellas miembros de dicho stable serían muy importantes a futuro. Por ello, cada uno fue puliendo detalles que los ayudarían a ser identificados por la audiencia de una forma mucho más rimbombante. Dean Ambrose, líder indiscutido en la primera etapa de The Shield, fue el más versátil en este sentido. La transformación por la que ha pasado su personaje a lo largo de estos años no se debe más sino al descomunal talento que tiene como entertainer. En el aspecto in ring, debo reconocer que ha sido bastante descuidado y perezoso. Ha dado algunos buenos combates, muy buenos de hecho, pero la irregularidad ha pesado bastante en el desarrollo de su carrera. Ahora mismo, el papel de heel que representa no es el más óptimo, y por ello, de forma un poco gradual, da la sensación que empieza a quedar un poco al margen. Roman Reigns, el tantas veces criticado, resultó ser mejor de lo que parecía, sin dejar de negar que su manejo creativo ha sido espantoso. La lamentable noticia de su enfermedad ha hecho que se trastoque bastante la escena upper-main carder, teniendo que recurrir a la última de las opciones… Seth Rollins. Seth, a diferencia de Dean o Roman, nunca gozó de mucha evolución sino hasta que traiciona a The Shield. Su cambio a heel, ocupando un rol de protegido por La Autoridad, llevó a la palestra un aspecto interesante en su mayor virtud: Ser burlesco. Su actitud despreciable ha sido lo mejor que Rollins ha mostrado desde que subió al main roster. Sin ser excelente, logró captar mi atención de esa forma y lo reconozco, por ello, su reinado y la longitud del mismo no se me hizo pesada, salvo que en el ring, excluyendo su saga con Ambrose, fue incapaz de dejar algo bueno. De hecho, dejó varias cosas horribles, pero prefiero tratar aquello en otra ocasión.

Su lesión y posterior regreso agitaría un poco el panorama. Su rivalidad con Triple H, lejos de ayudarlo a catapultarse como un nombre importante en el card, lo estancó de una manera impresionante. Y lo triste, es que desde ahí, no ha levantado cabeza en lo absoluto. A pesar de intentar darle frescura a un Campeonato Intercontinental que había pasado mucho tiempo en manos de The Miz, llegó el turno de Seth, quien lamentablemente no llegó a estar a la altura deseada ni en promos, ni rivalidades, ni combates. Reinado totalmente intrascendente que hizo que el “hombre récord” pierda bastante espacio, incluso entre su cuestionable fanbase, que decidió seguir, en un buen porcentaje, el camino de AJ Styles. Cabe destacar que su título intercontinental era considerado el activo más importante de RAW, debido a la constante ausencia de Lesnar y la partida precipitada de Roman Reigns. Una vez más, debía demostrar su valía, pero ya no como un heel tramposo, cobarde y sarcástico, sino como el babyface que debía encender a las masas debido a su estatus de “cara” que iba a tener durante ese tiempo. Su adaptación a ese rol: Fracaso rotundo.

Por mucho que haya tenido un simple campeonato midcard, Rollins era capaz de ser el main event de un PPV, hecho que fácilmente puede ser considerado como la perfecta vara para medir la aptitud de Seth para llevar a sus espaldas posiciones más estelares. Como era de esperarse, el resultado fue un fiasco, y no, no tiene nada que ver que haya sido Ziggler el rival en esa ocasión. El público no siente nada simplemente porque Rollins no expresa nada. No transmite absolutamente nada. Por si fuera poco, se esperaba que el escenario cambie para bien con la inminente rivalidad contra Dean Ambrose, y una vez más, el resultado es espantoso. Simplemente no se puede creer que aquel al que muchos llaman el “top babyface” sea incapaz de mantener un porcentaje ínfimo de interés en el producto que ofrece RAW. El show rojo necesitaba variantes, y claramente Rollins no se las dio. Se debían despejar dudas, pero aparecieron más… ¿En serio él es la futura cara de la empresa?, ¿Él va a reemplazar a Reigns en la escena titular?… ¿Él va a ganar el Royal Rumble y derrotará a Lesnar, Bryan o Styles en WrestleMania?

Otro aspecto a tomar en cuenta es la madurez del luchador. ¿Cuántas veces no vimos a John Cena siendo constantemente maltratado por el “fan hardcore”? ¿Cuántas veces no vimos a Roman Reigns comiéndose rechazos y abucheos tremendamente históricos? Pues lo irónico es que ninguno de los dos se quejó de aquello. Es más, empezaron a disfrutarlo. Es fácil erigirte como estrella, pero qué complicado es erigirte como líder. Rollins es una estrella, líder… ni de cerca, ¿o vamos a olvidar el ridículo que hizo en Twitter únicamente porque el público pasó de él en su Ironman Match contra Dolph Ziggler en Extreme Rules? Tantos aspectos negativos, Seth. En verdad cuesta entender que se le pueda exigir posiciones estelares a un luchador tan mediocre. De aspectos in ring definitivamente no hablemos, primero, porque WWE es una empresa que jamás ha priorizado el aspecto luchístico en sus superestrellas, sino el aspecto llamado entretenimiento, aquel aspecto en el que “la antítesis del storytelling” también flaquea… y feo.

Esto va más allá de si gana o no gana Seth el Royal Rumble. A fin de cuentas, desde el 2010 no vemos un ganador realmente potente y acorde a las storylines y al entretenimiento involucrado. Año tras año WWE se ha esmerado en darnos escenarios pobres, tristes y malos concernientes a la batalla real. Lo que realmente preocupa es que se quiera impulsar y cargar el peso de una marca entera en alguien que lamentablemente no ha dado el suficiente espectáculo en una situación mucho menos comprometedora. Pedir que pase algo como lo anteriormente expuesto, en verdad sería conformarse con muy poco.

¿Es Seth Rollins realmente “el hombre”? Creo que es una pregunta que todos deberíamos hacer. Al menos, por mi lado, la respuesta creo que es bastante clara.

Ecuatoriano. Ingeniero Comercial y amante del fútbol y el wrestling.

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